(A continuación de : "Es decir, los pueblos no occidentales eran considerados razas inferiores".)
Luego de la descolonización de Asia y África, producto de la lucha de los movimientos de liberación nacional, por haber pasado también por la nefasta experiencia del nazismo y el fascismo en Europa y la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, la idea de la superioridad occidental quedó cuestionada. De hecho hoy no se habla de razas no de superioridad o inferioridad racial. Somos todos seres humanos.
Pero el siglo XX estuvo cruzado por por las luchas de los sectores o grupos que no accedían a la igualdad de derechos políticos y sociales, aunque estos estuvieran proclamados en las constituciones. Estos sectores señalaban que la igualdad en la ley no representaba automáticamente igualdad económica ni igualdad social. A partir de estas luchas fueron accediendo a mayores derechos y, a la vez, la idea de igualdad se fue ampliando con respecto al primer postulado de la Revolución Francesa. Por ejemplo, las luchas en los Estados Unidos por los derechos civiles de los afroamericanos (para poder votar y ser elegidos como representantes políticos, para ocupar cargos... y hasta para poder sentarse en el colectivo) fueron muy importantes y cruzaron todo el siglo.
DIFERENTES, DIVERSOS, EXCLUIDOS
Bajo la igualdad formal hay una gran diversidad. Ahora bien, ¿cómo se pasa de la diferencia a la desigualdad? O, como dijera el escritor George Orwell, ¿por qué "todos somos iguales pero algunos son más iguales que otros"?
La escala de valores que mide la desigualdad es una convención social. Por ejemplo, en algunas sociedades es más valorada la capacidad intelectual, mientras que en otras lo es la destreza física. Pero las diferencias que no se pueden resolver en el plano moral se resuelven en el plano del poder.
Al mismo tiempo, la unificación del mundo hace que algunas nociones se vuelvan universales. Por ejemplo, ningún Estado puede someter a torturas físicas o psicológicas a sus ciudadanos. Como vimos, a fines del siglo XX comenzó la globalización, que terminó de unificar el mundo bajo el sistema capitalista en un solo gran mercado mundial.
El siglo XXI presenta grandes desafíos para la humanidad, que podemos resumir en los problemas de la desigualdad social y la pobreza, las migraciones, el comercio desigual y el medio ambiente.
Los que estaban y los recién llegados
La globalización ha producido migraciones a una escala nunca antes vista, por lo que los Estados deben enfrentarse con el reconocimiento del valor de las culturas históricas y el de las culturas de los inmigrantes recientes que quieren conservar la propia identidad.
Estas comunidades de migrantes constituyen verdaderas minorías y, aunque no sean homogéneas, la sociedad a la que migran muchas veces las estigmatiza como un todo sin fisuras ni diferencias. Pero todo proceso de integración, para ser real, debe basarse en una igualdad sustantiva, y no se da cuando las relaciones son desiguales, opresivas o discriminatorias.
En el contexto de globalización donde las identidades parecen universalizarse, y fragmentarse al mismo tiempo, el problema del reconocimiento de la diferencia se hace evidente. Algunos señalan que la supresión de la diversidad conlleva la deshumanización de toda sociedad, mientras el reconocimiento supone una relación de diálogo con el otro.
Vivimos en la encrucijada de reconocer la diferencia, asumirla como valiosa e imprescindible y, al mismo tiempo, comprender que depende de la construcción igualitaria de las relaciones de poder.